A causa del clima, el aire acondicionado, la conglomeración en el transporte público, o qué sé yo, me encontraba con síntomas de gripe: congestión nasal, lacrimeo, dolor de garganta y otros. Al mismo tiempo mi infanta hija, María Victoria, tenía inflamación al interior de su boca, lo que le procuraba sumo malestar, y a ello se añadía padecer para alimentarse.
Mientras trabajaba, yo con mis pesares, ella con los suyos, me di cuenta que ya no me sentía tan mal, pero al mismo tiempo pensaba en ella. Este evento me abrió los ojos y reflexioné que uno, como padre, puede amar a sus hijos, en una escala de uno a un millón, sin embargo por más grande que sea ese amor, jamás podremos sentir su dolor, y aunque sus alegrías sean nuestras alegrías, nunca podremos sentir el regocijo de su pecho. Y aunque intentemos estar en sus zapatos, jamás estaremos en ellos.
Es por esto que nuestro deber como tutores, no es solucionar los problemas a nuestros hijos, sino enseñar a enfrentarlos y resolverlos. Hay árboles de cuyas raíces salen hijuelos, y si estos no son separados y sembrados aparte, siempre vivirán a la sombra de su madre. Asimismo nuestros hijos, para crecer, deberán ser independientes, encontrar su propia luz, su propio camino y lograr su realización.
Es bueno que los pequeños tengan siempre pescado en su mesa, pero es mejor si de vez en cuando los llevamos a pescar: así valorarán el esferzo en el trabajo y saborearán el placer en la recompensa.
Es no solo bueno, sino necesario, que nuestros hijos sean y sepan que son amados, pero es el complemento su reafirmación en que son valiosos por sí mismos.
Si tu hijo se cae, no corras a recogerlo, sino anímalo a levantarse y tiéndele la mano. Si te pide que le resuelvas la tarea, enséñale las distintas opciones que tiene para darle solución al problema. Si te pide dinero, ayúdalo a entender cómo funcona, y enséñale cómo ganárselo.
Solo así ellos, a través de un arduo trabajo, ya sea en la música, el deporte, las ciencias o las artes, tendrán mayor confianza en sí mismos, y serán independientes, lo cual redundará en una gran autoestima. Recuerda, jamás podrás vivir la vida de tu hijo o hija! JB.