"Hay hijue... se fue la luz!!! Se va a quemar el televisor... y el refrigerador, y se van a dañar la carne y la leche!!!" era lo que se escuchaba decir a los adultos de antaño, cuando se suspendía el servicio de fluído eléctrico. Para nosotros los niños no. Para nosotros era otra cosa.
Quizá aún no tenía 10 años. Recuerdo aquella vez cuando a eso de las 8 de la noche, luego de cenar, mientras jugaba, y mis papás disfrutaban de la alegría de la televisión en blanco y negro, de repente todo se hizo oscuro - cuán dependientes somos de nuestro sentido de la vista-. Por un momento todo fue confusión; pero poco a poco, como un gato con la pupila dilatada, comencé a divisar algo, a orientarme. Al mismo tiempo el llamado de mami Rosa, como la gallina a sus pollitos, me indicaba el camino al lecho materno.
Ya estaba reunida la familia. El temor y el miedo dieron paso a la seguridad de estar todos en la cama, al abrigo uno del otro, y sin más estímulo que el auditivo. Comenzaron las historias de la "Mariangula"... del "cura sin cabeza"... de la señora cuya tumba emanaba un olor dulcísimo, y cuando exhumaron su cuerpo, de la boca salía un árbol, y en cada hoja las palabras "Ave María purísima, sin pecado concebida". Y nuestra imaginación era tan grande que veía claramente al cura, camino a la antigua Panamericana... y podía percibir el olor a rosas, o jazmín de la tumba de la señora... o cuando saltaba y casi se me salía el corazón cuando terminaban el relato del "almita" que perseguía a Mariangula.
No sé si sólo me pasaba a mí, pero en medio del cuento, sentía una necesidad urgente de ir al baño. Ir al baño yo? No señor, me aguanto como macho, pero de aquí no me mueve nadie! Así transcurrían unas horas hermosas, en medio de la serranía de mi querido Azogues, donde en cada hogar el papá, la mamá o la abuela, transmitían de manera oral las historias que les fueron contadas a su vez por sus mayores.
Que linda época, donde no hacían falta las tablets, ni los teléfonos inteligentes, donde la mejor música la cantábamos reunidos, y donde las mejores historias estaban allí, al lado de uno.
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